¿Cómo nace la jirafa?

Hace algunos años cayó en mis manos un texto que me capturó. "Vivir para contarla" es la autobiografía de Gabriel García Márquez, en donde narra sus inicios en el mundo de las letras.
En su recorrido, el nóbel de Literatura comenzó su romance con la palabra a través del periodismo, escribiendo largas crónicas en una columna aparecida en un diario local de su natal Barranquilla.
Se llamaba La Jirafa y con el tiempo se convirtieron en materiales de colección.
Cuando - siendo académica - conformamos el cuerpo editorial de una publicación para el área de Ciencias Sociales, yo propuse ese nombre a mis compañeros, quienes deshecharon mi propuesta, llamando a nuestra publicación la Revista Sin Nombre.
Casi por despecho, decidí que llamaría La Jirafa a mi propio espacio virtual.
Por años, mi ventana del msn ha revelado distintos estadíos jirafescos, llevando a mis contactos a creer que me gusta el animalito, por lo que tengo una simpática colección de jirafas en mi haber.
Hasta hoy que decido "salir del clóset" de las letras, me atrevo a compartir lo que escribo con más de uno.
Mis textos - al igual que el cuello de las jirafas - son largos.
Espero no aburrir.




“nos destierran
y nadie nos corta la memoria”
(Juan Gelman)



Vine aquí en diciembre a pasar el invierno con fríos.
No me gusta el frío.
Como en el destierro, la distancia duele, aunque sea la distancia de una hora.
Mi paraíso tiene ya su geografía. No busca otra.
La busqué sí, pero es  pasado.
No encontraba la tierra blanda en la que fincar mi hogar.
En su búsqueda tardé demasiado.
Y como todo, un día simplemente me dejé llevar a  ese lugar al cual mi espíritu pertenece.
Así  que aquí me trajo la causalidad.
Querida Negra, qué tiempos en que compartimos el dapartamentito aquel de la Roma, donde cocinabas y yo te platicaba por horas.
Decoraste mi habitación con mariposas, a quienes acompañé con esa jirafa  de pared, que compré el día que me separé de él.
Me escribes una carta que he tardado meses en contestar, pues no tenía felicidad que compartir.
En la tuya, platicas la forma en que tu vida ha cambiado y la manerita que tienes ahora de andar en bicicleta de tu nuevo trabajo hacia tu casa-luna en ese, nuestro parque nocturno.
Yo llegué aquí sin nada.
Dormí donde pude, comí lo que pude hasta que encontré un lugar.
Ese donde ahora vivo y que no tiene de mí ni una foto.
Lo mío, lo dejé en casa.
Me cuentas que tus heridas han ido sanando.
No sabes cuánto me alegra.
Las lágrimas salan, ¿lo recuerdas?
Nuestra querida Magaly estuvo conmigo algunos de los días xalapeños y me dijo algo muy cierto: “date chance”.
Durante el último de los casi cuatro meses que tengo aquí, he tratado de robarme esta ciudad.
En esas ando.
El viento sopla por las tardes y mi primavera de las mañanas está aprendiendo a ser precavida. Ya traigo suéter y paraguas, por si acaso.
Dejo el auto y camino de la casa al trabajo.
Las calles empinadas ya no me sofocan.
He (casi) dejado de fumar.
Parece que mi universo se acomoda.
Respecto a que las margaritas ya no se marchitan a tu paso, no podrían hacerlo querida mía. Sólo cerraban sus pétalos, para respetar tu duelo.
¿Yo? Me encontré estos días con una sensación que ya conozco.
Quizá sea hora de volar.
Tú me entiendes.
¿Cuándo vienes?

M.
Abril 1 de 2011

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