La vida nos tomó por asalto.
Ni te esperaba, ni me esperabas y sin embargo estar juntos estaba escrito.
Era el tiempo correcto.
Ya nos esperábamos.
Me tomó una vida entera escapar de todo lo que oliera a compromiso y tú estabas en la parte más divertida de la soltería, cuando un buen día tocaste, y te abrí la puerta.
Y henos aquí, tú un bohemio que a veces se duerme temprano, para cuidar los sueños de la friolenta que duerme en pijama hasta en el más cálido verano; y yo, la workohólica que frena motores, para inventar platillos que no están en el menú de nadie.
No cabe duda, juntos, somos mejores personas.
Suelo decirte que eres la música de mi vida. Le has dado un ritmo a todo aquello que antes hacía en silencio. Pero eres una música muy versátil: a veces es el rock de tu temperamento encendido que viertes a diario en cada letra que escribes, pero también eres el jazz de tu ser compasivo, o el blues de tus silencios profundos.
Suelo decirte de mí, que soy como el viento nuevo: ruidoso, alocado, volátil y fresco, impetuoso, llorón y carcajiento, maníaco y depresivo, racional e irracional, cuerdo y loco.
En realidad somos solos dos seres imperfectos, que son uno desde que estamos juntos.
Hace tres años, 36 meses, muchas semanas con muchos días en los que hemos podido escribir el ensayo de lo que soñamos sea el resto de nuestras vidas, porque lo que hemos construido juntos, es el cimiento de nuestros años futuros, los años de Aurelio y los años de Mónica, los años de quienes nos quieren y los años de quienes nos ignoran.
En este tiempo me has tomado de la mano para sentir tu apoyo en tiempos de guerra y te he tomado de la mano, para darte paz.
En este tiempo hemos formado una familia justo como nos gusta: una familia que se une por el alma, cuyo lazo es el más profundo deseo de compartir la vida, que tiene un hogar en el que caben quienes queremos y en donde existe aquello que los dos amamos.
Eres mi marido y soy tu mujer, te respeto y me respetas, te admiro y me admiras, te amo y me amas. Es ese el sentimiento más profundo. El que es correspondido.
Claro, tus manías me desquician al igual que a ti las mías. Debo respirar profundo para no estallar como volcán algunas veces, como lo haces tú, con esa paciencia infinita que me tienes.
Ambos hemos cometido errores y hemos aprendido la maravillosa magia de pedir perdón y perdonar.
Nos falta el resto de la vida.
¿Te parece si enfrentamos los molinos de viento tomados de la mano?
¿Cómo nace la jirafa?
Hace algunos años cayó en mis manos un texto que me capturó. "Vivir para contarla" es la autobiografía de Gabriel García Márquez, en donde narra sus inicios en el mundo de las letras.
En su recorrido, el nóbel de Literatura comenzó su romance con la palabra a través del periodismo, escribiendo largas crónicas en una columna aparecida en un diario local de su natal Barranquilla.
Se llamaba La Jirafa y con el tiempo se convirtieron en materiales de colección.
Cuando - siendo académica - conformamos el cuerpo editorial de una publicación para el área de Ciencias Sociales, yo propuse ese nombre a mis compañeros, quienes deshecharon mi propuesta, llamando a nuestra publicación la Revista Sin Nombre.
Casi por despecho, decidí que llamaría La Jirafa a mi propio espacio virtual.
Por años, mi ventana del msn ha revelado distintos estadíos jirafescos, llevando a mis contactos a creer que me gusta el animalito, por lo que tengo una simpática colección de jirafas en mi haber.
Hasta hoy que decido "salir del clóset" de las letras, me atrevo a compartir lo que escribo con más de uno.
Mis textos - al igual que el cuello de las jirafas - son largos.
Espero no aburrir.
Category:
Del amor y desamor
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