Para cada quién los últimos 9 meses han sido como surfear olas altas.
Cada una y cada una se ha subido a su tabla y ha tratado de mantener el equilibrio como ha podido.
Y vaya que ha habido olas peligrosas y océanos tempestuosos.
Si hoy recordara cuál ha sido para mí el elemento con el que se me hizo más difícil lidiar, sin dudarlo ni un segundo respondería que con la incertidumbre.
Yo, tan organizada, tan programada, tan controladora, me desmoroné cuando no podía planear lo siguiente y entonces Don insomnio llegó a mi vida y se instaló hasta la casi locura.
Solo quién pierde el sueño en forma tan severa sabe lo terrible que es no al día siguiente, sino las siguientes semanas de no pegar un ojo. Tu eje se disloca por completo, tu semblante se descompone, tu memoria se atrofia, tus nervios se disparan y tú solo quieres poder dormir con tal angustia, que estás en modo neutro 24/7.
Así que cuando uno de esos tantos días vi en redes un curioso tw que decía algo como: regálate una hora para ti y ven a este cafecito con resiliencia, pues claro que me anoté.
El primer par de cafés los seguí estando arriba de mi bicicleta fija a la que me aferré como salvación única para cansarme más, creyendo que de esa manera al fin podría dormir por las noches.
La segunda ocasión que hice eso, yo con mis audífonos pedaleando como hámster mientras escuchaba a las nuevas amigas recién conocidas responder a la sencilla pregunta de “¿cómo fue tu semana?” mientras mi respiración ajetreada y el sonido de las ruedas se escuchaban de fondo, una de ellas, que con solo hablar te transmite una paz infinita, me dijo de modo directo: “bájate de la bicicleta, y siéntate con la espalda recargada”. Lo segundo fue indicarme como respirar y soltar y entonces…la paz volvió a mi.
Ese momento de descarga profunda, que estuvo acompañado de mucho llanto que se había como constipado en mí, salió y por fin pude volver a dormir.
Fue increíblemente bello y profundo cuando esta amiga fue guiando mi respiración y ayudándome a exhalar para regular mis emociones, pero igualmente bello y profundo fue que las otras amigas que seguían conectada y estaban ahí, guardaron un silencio absoluto para regalarme ese momento de paz que evidentemente yo tanto necesitaba.
Eso es lo que encontré en mi café de los viernes con estas mujeres que me eran completas extrañas y que hoy son amigas entrañables. El auténtico significado de lo que la sororidad es.
Esas mujeres – somos 6, a veces más a veces menos – yo no las conocía aunque entre ellas sí, son las personas con las que más he hablado en forma recurrente durante todo el año. A quienes más he escuchado, con quienes he podido construir un hermoso vínculo de apoyo mutuo que nos ha llevado a sin ninguna agenda, solo platicarnos lo que sentimos dejando fluir lo inesperado.
Hemos llorado a mares y hemos reído a carcajadas. Hemos hablado y hemos escuchado.
Eso es lo que hacemos los viernes.
No saben lo que es!!!!!! Todas hacemos grandes esfuerzos en nuestros asuntos laborales para darnos ese tiempo semanal que es para nosotras.
Nos lo merecemos, y por eso acomodamos las piezas de los rompecabezas para liberar ese tiempo que es como un bálsamo.
Este viernes fue nuestro café número 40.
Aunque la idea inicial y que seguimos durante un tiempo era que durara solo una hora, la verdad es que hoy nuestras tertulias duran hasta casi tres horas. En ese tiempo hemos “visto películas”, cantado, y sobretodo platicado.
Nos hemos acompañado en los procesos de crecimiento profesional y como nunca antes, hemos entendido que a veces no obtenerlos no es una pérdida sino un aprendizaje.
Somos mujeres de distintas edades, profesiones, latitudes y vivencias.
¿Pero saben qué es lo mejor? Somos amigas.
Hoy sé que una de mis uvas de la cena de fin de año será para pedir como deseo que ojalá y el próximo año pueda conocerlas. No saben las ganas que tengo de abrazarlas.
Este es un año donde algunas amistades se fueron.
Es sabio seguir caminos distintos y no me siento culpable de haber sido yo misma quien decidió tomarse un tiempo.
No vamos al siguiente nivel con las mismas personas y eso no tiene porqué ser malo.
Siempre hay nuevas personas llegan a la vida y te traen nuevos aprendizajes.
No saben lo mucho que yo he podido aprender con ellas.
Reconozco que la palabra “sororidad” toda la vida me ha parecido compleja. Sobretodo después de que algunas mujeres que se dicen muy sororas, buscaran deliberadamente hacerme daño.
Por fortuna seguí mi instinto y busqué otros escenarios con otros personajes y lo súper reconfortante que ello ha sido me lleva a compartirles mi larga reflexión.
Lo siento, las palabras me salen a raudales y paso por alto el detalle de las lecturas largotas.
No temamos explorar los sentimientos que tanta incertidumbre ha traído a nuestras vidas.
Creo que la gran moraleja luego de 9 meses en pandemia es que hemos de aprender a soltar, pero no para caer, sino para fluir.
No fue ese el único episodio de insomnio que he tenido, pero el siguiente fue más breve y lo recibí con cierta familiaridad. Sabía que vendría, y que pese a mi voluntad estaría ahí algunos días, así que lo dejé ser y por fortuna se fue mas rápido que el de antes.
Sé de mucha gente cercana que la pasa mal. Su estabilidad emocional se ha vulnerado. Tanto esfuerzo por mantenerse de pie, por enfrentar problemas de todo tipo, de temer la enfermedad o de lidiar con ella acabó por debilitar hasta a los árboles más sólidos.
No pasa nada.
Dejemos ser a las emociones, al miedo, a la tristeza, a la incertidumbre.
No somos infalibles y reconocerlo no nos hace débiles.
Nos hace seres humanos.
Muchas personas incluyéndome, trabajan ahora más que lo que ya trabajaban antes. Tenemos más rigor y menos límites.
Démonos un tiempo para nosotros.
Inicien sus propios cafecitos con resiliencia.
El tiempo que dedicamos a nosotras mismas, es el más valioso de todos los tesoros.
Category: | 0 Comments


