Traigo en la mente una frase que me da vueltas y me llena de sentimientos varios.
Me dijo: “amiga, me haz hecho mucha falta todo este tiempo” y en ese momento recordé lo que maravilloso que era ser amigas.
Y sí, nos sentábamos juntas. Algo debió haber escrito en mis libretas, porque yo recuerdo su letra. Era bonita y redonda.
En mi mente guardo el recuerdo de su cabello largo. Lo ataba en una coleta, con su flequillo lacio y si no devaneo, listones de colores. Me gustaba mucho como lo usaba y ella orgullosa me decía “es ahuecado”. Su lacio de ahora me hizo entender de qué se trataba.
Durante el desayuno del reencuentro platicamos todas con las atropelladas palabras de las mujeres que hablan de prisa. Teníamos que ponernos al día.
Y entre palabra y palabra, ella me decía alguna cosa que me llevaba al pasado, como dando saltitos hasta el fondo de mi memoria.
Y sí, a la salida de la escuela de monjas, luego de mis primeros meses jarochos, proclamé mi pequeña independencia viajando en camión con mi amiga, quien con total lucidez recuerda la ruta del bus amarillo que ni idea tengo de si todavía existe.
Verla fue tocar el centro de mi corazón por un instante.
Por lo visto, el paso del tiempo ha borrado de mi mente lo que selectivamente asocio con dolor.
Curioso caso: la última vez que nos vimos, fue en el funeral de mi padre, quién en un mes cumplirá 25 años de su partida
Casi había olvidado lo que era ser amigas.
Pero el tiempo así no se pierde, se gana. La espera madura los sentimientos profundos.
Ella tiene razón. Verla me hizo recordar cuánta falta me hizo también a mí en todos estos años.
Por fortuna, lo sé, lo siento, ha sido solo una breve pausa.
Sigamos. ¿qué decías?
¿Cómo nace la jirafa?
Hace algunos años cayó en mis manos un texto que me capturó. "Vivir para contarla" es la autobiografía de Gabriel García Márquez, en donde narra sus inicios en el mundo de las letras.
En su recorrido, el nóbel de Literatura comenzó su romance con la palabra a través del periodismo, escribiendo largas crónicas en una columna aparecida en un diario local de su natal Barranquilla.
Se llamaba La Jirafa y con el tiempo se convirtieron en materiales de colección.
Cuando - siendo académica - conformamos el cuerpo editorial de una publicación para el área de Ciencias Sociales, yo propuse ese nombre a mis compañeros, quienes deshecharon mi propuesta, llamando a nuestra publicación la Revista Sin Nombre.
Casi por despecho, decidí que llamaría La Jirafa a mi propio espacio virtual.
Por años, mi ventana del msn ha revelado distintos estadíos jirafescos, llevando a mis contactos a creer que me gusta el animalito, por lo que tengo una simpática colección de jirafas en mi haber.
Hasta hoy que decido "salir del clóset" de las letras, me atrevo a compartir lo que escribo con más de uno.
Mis textos - al igual que el cuello de las jirafas - son largos.
Espero no aburrir.
Category:
Recuerdos
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