¿Cómo nace la jirafa?

Hace algunos años cayó en mis manos un texto que me capturó. "Vivir para contarla" es la autobiografía de Gabriel García Márquez, en donde narra sus inicios en el mundo de las letras.
En su recorrido, el nóbel de Literatura comenzó su romance con la palabra a través del periodismo, escribiendo largas crónicas en una columna aparecida en un diario local de su natal Barranquilla.
Se llamaba La Jirafa y con el tiempo se convirtieron en materiales de colección.
Cuando - siendo académica - conformamos el cuerpo editorial de una publicación para el área de Ciencias Sociales, yo propuse ese nombre a mis compañeros, quienes deshecharon mi propuesta, llamando a nuestra publicación la Revista Sin Nombre.
Casi por despecho, decidí que llamaría La Jirafa a mi propio espacio virtual.
Por años, mi ventana del msn ha revelado distintos estadíos jirafescos, llevando a mis contactos a creer que me gusta el animalito, por lo que tengo una simpática colección de jirafas en mi haber.
Hasta hoy que decido "salir del clóset" de las letras, me atrevo a compartir lo que escribo con más de uno.
Mis textos - al igual que el cuello de las jirafas - son largos.
Espero no aburrir.




De acuerdo a lo que reza una leyenda hindú, las mariposas son los únicos seres vivos que no emiten sonidos, pues “se comunican directamente con Dios”.

La leyenda dice que si le cuentas tu secreto a las mariposas, estas emprenderán el vuelo y lo llevarán directo al cielo – territorio divino – para contárselo al que todo lo puede, y así, convertir tu deseo en realidad.

Aunque no es del todo cierto el que las mariposas sean los únicos seres vivos mudos – las jirafas también lo son – lo cierto es que en su vuelo mágico elevan el deseo de los hombres. Quizá por ello es que sus alas son tan hermosas, pues son los colores de la esperanza y de los sueños.

Yo soy un poco más práctica en mi procedimiento personal de pedir deseos: los verbalizo, creyendo firmemente en mi máxima de que “si lo pronuncias, existe”.

Esa frasecita que siempre sacaba a colación con mis alumnos en mi época de académica, es una convicción profundísima de mi ser y de mi naturaleza.

Mi madre y hermanos cuentan que desde chiquita era absolutamente incapaz de guardar un secreto, pues “me comían las ansias de comunicarle a los otros la buena nueva”.

El emblemático Mel, con su mística del eneagrama dice que la explicación radica en que…soy 3 y “para acabarla de amolar” sagitario. Así que no hay más, lo mío es decir lo que pienso y lo que siento, cosa que con el paso de los años (sí, los años. Esos que no pasan en balde) he ido aprendiendo paulatinamente a al menos administrar mis expresiones públicas de pensamientos profundos, sin que eso sea una clase de censura, sino más bien un acto de madurez.

De niña, mis pensamientos y sobretodo mis sentimientos los expresaba a través de la poesía, aquella que declamaba ante la atónita mirada de adultos que veían simpática a la niñita esta, que recita tan bien.

Luego, cambié la poesía y las letras de otros, por poesía y letras mías que – a lo mucho – compartía con algún profesor o que guardaba para mis adentros.

Un buen día de desamor juvenil, decidí compilar mis escritos en un pequeño librito del cual – en el afán de compartirlo – no guardé de él, ni siquiera un ejemplar.

Luego me dio por escribir mis textos, de estilo más bien libre, y compartírselos a mis amigos a través del correo electrónico, lo que hice durante mucho tiempo.

Como no hay para mí otra manera de escribir, que no sea contando mis “sentires profundos”, me tardé demasiado tiempo en decidir llevar mis escritos a un espacio más público.

Una cosa era escribir lo que siento a mis amigos y otra muy distinta, es ponerlos a la vista de otros ojos que puedan – a través de las letras – descubrir mis llaves del alma.

Un poco dudosa llegó el momento de abrir mi blogg en donde hasta la fecha, por fortuna, no me siguen tantos como para dar a conocer temas tan personales, a ojos ajenos.

No así mi facebook, en donde de acuerdo a mi estado de ánimo y también al tiempo disponible, mis amigos se enteran de mis alegrías y tristezas, de mis
“noches púrpura”, de mis logros y fracasos, de mis momentos mágicos, así como de mis amores y desamores.

Alguien alguna vez me dijo que “era demasiada información” como para difundirla en una red social. Que mejor posteara cosas más “lights”: temas de moda, el clima o uno que otro chistecito ocasional.

Cualquiera que me conoce, sabe que yo no soy así.

Comparto las canciones que me llenan el alma, pasajes de los libros que leo, episodios de las películas que disfruto y toda clase de emociones personales.

Me ventaneo, pero no ventaneo por una simple y clara razón: yo soy responsable de lo que vivo y siento.

Ni una sola de las etapas de nuestra vida, tiene porqué involucrar a otros. Si me desenamoro, lo hago yo; si me enamoro, también. Si me enojo con mi jefe, o con el chofer del auto de junto, es MI decisión personal de hacerlo.

Yo, solo sociabilizo lo que hago. Lo que no me gusta, para encontrarle lo chistoso y reirme de lo sucedido; y lo que me gusta, para compartirlo con quienes quiero.

Hace tiempo que tomé la decisión de vivir como vivo: muy entregada a mi trabajo, sin tiempos ni horarios definidos. Aprendí a vivir con distancia de los míos. Por eso es que trato de estar presente en sus vidas, contándoles lo que me es trivial, pero también lo que me es trascendente.

Estos últimos tiempos, de pronto, he decidido “publicar” un poco más de lo que hago usualmente. Por ejemplo, recientemente cambié mi status amoroso. Lo hice por primera vez en mi historia en facebook y también lo admití públicamente por vez primera ante quienes mi vida amorosa ha sido un misterio.

He de confesar que la respuesta me resultó absolutamente abrumadora.

Más de cien “likes” en muy poco tiempo y toda clase de comentarios estimuladores del amor, pero también sorpresivos de mi status, pese a que siempre he sido una teinteañera soltera oficialmente y bastante bien acompañada por lo general, así que el saber que de pronto los otros quizá me percibían más bien como una solterona sin galanes, me dio risa curiosa, porque no hay nada más alejado de la realidad, que eso.

Simplemente es que asumí que la relación que hoy tengo, quiero vivirla plenamente y ello implica el comenzar a “decirlo” para que “exista”. Para que mi chip de soltera empedernida, de chica disponible para ligar eternamente cambie en mí y también en la forma como los demás me perciben.

Aunque nunca he sido una proeza en materia de ligues, he de confesar que siempre he tenido bastante suerte. Hoy no quiero tener suerte con galanes ocasionales. Hoy estoy viviendo una relación que me importa.

Para mis amigos, ha sido una absoluta revelación que declare mi amor por mi pareja a los cuatro vientos. Cierto, jamás lo había hecho.

Me estoy dejando llevar por el sentimiento que tengo y lo que hoy vivo, porque estoy feliz con ello y quiero compartirlo. Se lo comparto a mi familia, la cercana y la lejana; a mis amigas y amigos; en mi trabajo en donde están completamente extrañados en que ya no sea yo la última que se vaya de la oficina y apague la luz, pues hoy trato de – si tengo tiempo – aprovecharlo para estar con él.

Ni siquiera me he preguntado a mí misma qué pasará cuando todo pase.

Solo estoy dejándome sentir esto que también para mí es nuevo.

Claro que quisiera ponerle un “te amo” en su muro, o postearlo en mis mensajes, pero no lo hago porque respeto su privacidad. Porque él es una persona independiente a la que yo debo respetar como él me respeta a mí.

Un día le pedí a una mariposa y también al viento que quería vivir una relación plena. Compartir mi mundo con alguien, que me compartiera el suyo.

La mariposa extendió sus alas y ahora vuela.

M.


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