Se debió llamar Eréndira Zepeda, pero la vida tenía para ella otros planes. A la mayor de las hijas de María Madrigal le pusieron María como nombre de pila que también llevan la mayoría de las mujeres de una larga estirpe de personas fuertes y de carácter recio, nombre que se seguiría colocando para acompañar a sus hermanas, sobrinas y nietas. A ella la apellidaron como si fuera hermana de su madre, en un acto de rebeldía que fue más bien como el sello que marcaría su futura vida. Siempre rompiendo el esquema, siempre imponiéndose a lo que quizá la vida pudo haberle deparado, pero que ella con su voluntad y su temple, transformó. Nació en Uruapan y a los 9 años llegó al de-efe de los años 50, convirtiendo al monstruo de ciudad en su hogar, hasta que cambió el smog por el mar, siguiendo la voluntad de mantener a su propia familia unida. De origen humilde, pienso que la mayor de las lecciones que aprendió se las enseñó de su mamá, siendo sin duda la más importante la de trabajar como única forma de sobrevivencia, por lo que a los 14 años, con calcetas y coletas comenzó su vida laboral como oficinista, trabajo del que se jubiló con más años de los requeridos para una retiro que la alcanzó sumamente joven. Aunque toda su vida trabajó, hasta dos y tres turnos, a sus hijos jamás nos descuidó y en casa todo funcionaba como un reloj cuya sincronía era definida por ella. Quique me recogía en la escuela, Carlos llegaba solo yy a los tres en casa nos dividíamos las tareas encargadas con un democrático “piedra, papel y tijera” que hasta nos daba tiempo de ver las películas de la “época de oro del cine mexicano” hasta que escuchábamos en las escaleras su taconeo de subida y su inconfundible toz de fumadora, señal con la que corríamos a dar los últimos toques al arreglo de nuestro departamento. Me encantaba verla arreglarse. Ella tan guapa, tan distinguida, tan cosmopolita. Y nosotros siempre tan planchaditos, tan bien portados, tan observados por su mirada profunda a la que no se le iba ni medio detalle. Al menor intento de desobediencia, pum. la mirada matadora que nos caía como centella y de nuevo, todo en orden. Aún siento cómo me tomaba de la mano y me apretaba con fuerza, para que ni por un segundo algo pudiera pasarme lejos de su cuidado. Si tuviera que describir cuál era mi sensación de aquel tiempo, diría simplemente que estando con ella me sentía segura. Y entonces decidió dejar la vida que hasta entonces conocíamos, para transformar nuestros destinos por completo y cambiar de ciudad, lejos de la familia, para mantener la suya y lo hicimos. Ella era la capitana de nuestro barco y tomó el timón para girar el rumbo y venir a Veracruz y empezar de cero. Nuestro maravilloso sueño de al fin estar juntos con mi papá fue un paraíso que duró muy poco. Y entonces, de pronto, él se enfermó y antes de poder asimilarlo realmente, murió. Ella perdió a su compañero luego de 21 años, quedándose viuda, en una ciudad en la que no tenía a su familia ni a sus amistades para poder soportar más fácil el dolor y sin apoyos para poder sacar adelante a sus dos hijos aún a su cuidado. De eso han pasado tres largas décadas. Para ella todo ha sido difícil: crecer en condición de pobreza, tener que trabajar desde muy joven para salir adelante, ayudar a su mamá para cuidar a sus hermanas y hermano, luchar por tener una familia unida y cuando la tuvo, perderla por una muerte repentina y luego, una vida de nuevo difícil para sobrevivir en una ciudad sin familia para ir construyendo una elegida con amistades y enfrentar una vida solitaria, donde la distancia media siempre entre los afectos. Ella es la mujer más valiente que yo conozco, la más trabajadora, la más guerrera. Sobreviviente de tantas guerras, obtuvo de ellas los aprendizajes que la hacen sabia. Tiene siempre una perspectiva desde la cual mirar la realidad en forma distinta. Cuando llego a verla con el mundo de cabeza, tiene la palabra precisa para cambiar la ecuación. Es siempre generosa, es siempre cálida. Ella hace magia y entonces, cuando podría pensar que los caminos se acotan y que las dificultades se acrecientan, ella acaricia mi alma y me devuelve la fuerza y me da la confianza de creer de que todo estará bien, igualito a como lo hacía cuando tenía 5 años y encontraba en su mano el sitio más seguro del mundo. Yoli es madura, Yoli es sensata, pero sobretodo, Yoli es resiliente. Con esa particular manera de mirar la vida para alguien que ha vivido intensamente 8 décadas, gozar de su compañía, disfrutar su conversación, acompañar su paso que ahora ya es lento, es para mí una total bendición y un privilegio. Yoli es un personaje en sí misma y la protagonista de esa historia que es a su vez el caudal donde confluyen las historias de todos nosotros. Ella es hoy la matriarca de una gran familia y a la que acudimos todos como un manantial lleno de palabras certeras y de cariños profundos. Ella es mi madre y hoy que cumple 80 años me siento tan profundamente feliz por que me haya elegido como su hija y porque pueda acompañar la plenitud de su adultez, lo que es sin duda alguna la mayor de las bendiciones que he podido recibir. Yoli celebro tu vida, deseo para tì felicidad, salud, bienestar. Estate tranquila y cierta pues formaste en tus hijos y en mi a personas trabajadoras y justas. Siéntete orgullosa pues el trabajo que haz hecho ha sido bueno y los frutos inundan un bosque. Celebro tu vida Yoli. ¡!!!!Felices 80!!!!!!
¿Cómo nace la jirafa?
Hace algunos años cayó en mis manos un texto que me capturó. "Vivir para contarla" es la autobiografía de Gabriel García Márquez, en donde narra sus inicios en el mundo de las letras.
En su recorrido, el nóbel de Literatura comenzó su romance con la palabra a través del periodismo, escribiendo largas crónicas en una columna aparecida en un diario local de su natal Barranquilla.
Se llamaba La Jirafa y con el tiempo se convirtieron en materiales de colección.
Cuando - siendo académica - conformamos el cuerpo editorial de una publicación para el área de Ciencias Sociales, yo propuse ese nombre a mis compañeros, quienes deshecharon mi propuesta, llamando a nuestra publicación la Revista Sin Nombre.
Casi por despecho, decidí que llamaría La Jirafa a mi propio espacio virtual.
Por años, mi ventana del msn ha revelado distintos estadíos jirafescos, llevando a mis contactos a creer que me gusta el animalito, por lo que tengo una simpática colección de jirafas en mi haber.
Hasta hoy que decido "salir del clóset" de las letras, me atrevo a compartir lo que escribo con más de uno.
Mis textos - al igual que el cuello de las jirafas - son largos.
Espero no aburrir.
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